Vivimos en una era de constante hiperconectividad, aunque hay muchas ventajas positivas, también hay negativas, tal como a la creciente desconexión espiritual. Nunca antes ha sido tan fácil acceder a información, mensajes, videos y demás contenidos digitales, como en este tiempo. Sin embargo, nunca ha sido tan difícil para muchos creyentes escuchar con claridad la voz de Dios. No porque Él haya dejado de hablar, sino porque hemos permitido que nuestras vidas sean invadidas por una multitud de voces externas que saturan nuestros corazones, alejándonos de Su presencia.
Hoy en día, el acceso a información, redes sociales y entretenimiento es mayor que nunca; sin embargo, también es cierto que la dificultad para mantenernos atentos a la voz de Dios nunca había sido tan grande. El problema no radica en la ausencia de Dios ni en el silencio de Su Palabra, sino en la constante saturación de distracción que compiten por nuestra atención. Estamos irremediablemente conectados a dispositivos, plataformas digitales y flujos interminables de información y contenido, todos diseñados para cautivar nuestra mente y tiempo. Esta hiperconectividad externa, en lugar de llenarnos de plenitud, ha generado en muchos creyentes una desconexión interior y espiritual cada vez más profunda. No te dejes engañar...








